Miriam Germán: “Si mi salud me lo permite y me dejan llegar al final del periodo, yo entrego el cargo en el 24”

AL FILO DE LAS NOTICIAS

SANTO DOMINGO. —¿Le llegan los rumores? Que si está enferma, que si está mayor, que va a renunciar…

¡Pero si hasta oí a un señor hace un año en un programa diciendo que yo había presentado la renuncia! Y hablaba con la certeza de quien ha visto el documento!

Y se ríe. La Procuradora General de la República ríe más a menudo y con más ganas de lo que cabría esperar por su habitual gesto severo. Las risas rompen frecuentes el hilo de la conversación, que salta con chispa de un tema a otro.

—Hace casi dos años y medio que ocupa el cargo. ¿Cómo se siente?

A veces… a veces me canso.

—¿Presiones internas o externas?

Yo aquí no tengo grupo, yo aquí no ando persiguiendo a nadie, no tengo que estar cuidándome tanto; al fin y al cabo puedo darme el lujo de decir lo que yo quiera. No tengo ni filias ni fobias.

—¿Se ha sentido sola dentro del Ministerio Público?

A veces. Allí hay gente muy valiosa. Por ejemplo, tengo una relación excelente con Frinette Padilla, que es la Directora Jurídica y también con Thalía Goldberg, directora general de la carrera del Ministerio Público. Por otro lado, me asombra que haya tanta gente dentro de la Procuraduría tratando de evitar la evaluación.

—¿Una evaluación interna del personal? ¿A qué temen?

Sí, interna. Y no sé a qué temen. Me preguntaron el otro día ¿para qué sirve la evaluación sicométrica? Porque no son muchos, pero hay algunos…

—¿Esa evaluación es tan definitiva para sus carreras?

Bueno, eso puede determinar la permanencia en una posición, no necesariamente te saca de la carrera. Esa evaluación debió hacerse hace muchísimo tiempo; incluso hubo una evaluación que prácticamente fue a dedo. Se escogieron personas a las que se iba a dar un curso y resulta que en la evaluación, la mayoría de las pruebas versó sobre ese curso. El proceso terminó en el Tribunal Superior Administrativo, que buscó más o menos un acuerdo.

La carta

—La carta que usted envió recientemente a los fiscales causó sorpresa pero también mucho apoyo. ¿Qué la motivó?

Es que eran cosas que ya las había hablado. A veces pasa que como uno no habla alto ni da palmadas en la mesa, se creen que uno es un poco idiota, sobre todo por la edad. La carta no decía nada que no hubiera hablado antes.

—Y no bastó.

No, no bastó. Yo no tengo corruptos favoritos, yo lo que creo es que las reglas de juego son para aplicarlas, no para saltárselas por el desprecio que produzca tal o cual sujeto.

—¿Qué opina de la cobertura que hacemos los medios de los grandes casos de corrupción?

Yo no lo veo como algo que esté extraordinariamente mal. Tengo una amiga que trabaja en un periódico, pero he tomado distancia. Cuando salía de la funeraria, cuando mataron a Orlando, yo perdí el control. Era como una turba voceándome “¿tiene problemas en la lengua? ¿No puede hablar?” ¡Dios mío! Ahí fue que yo dije: “¡Tengan un poco de humanidad!». Es una persona que yo vi nacer y la acaban de matar, está ahí! Y decían “¿qué van a hacer con ese hombre?” Todavía no estaba sepultado… Me gusta mucho el título del libro sobre periodismo de Kapucinski: Los cínicos no sirven para este oficio.

—¿Le molestan las filtraciones?

Sí. Porque… ¿cómo lo digo sin que suene muy feo? A veces detrás de las filtraciones hay un negocio. Hubo una filtración de una investigación que se pidió con relación a los productos financieros de una serie de personas. Y nada más mirar hacia una oficina judicial… al otro día lo tenía un político. No se sabe hasta qué punto es una cosa retorcida. En los mismos medios hay cosas atroces.

Los grandes casos

—Los casos de corrupción que ya están en tribunales, ¿son demasiado complejos para el personal con el que cuenta, para la especialización que se requiere?

Mira, yo no quiero buscar un pleito con ellos pero… en la Cámara de Cuentas, como diría un gitano, como que tienen “un mal fario”. Porque los anteriores a la Cámara anterior se pelearon todos por un chisme, los interpelaron y se fueron todos. Los que vinieron después… terrible. Y ahora éstos, que uno creía que iba a ir bien, tienen chismes entre ellos, cuentos… ¡Dios mío!

—Y sin ellos ustedes no avanzan.

A veces tardan, tardan más de lo necesario. Por más que uno lo diga, como que es difícil decir algunas cosas sin desperdiciar las palabras.

—¿Pero el Ministerio Público tiene lo que se necesita?

Hay limitaciones. Por ejemplo, uno necesita la colaboración de otros órganos y ésta se dificulta un poco. Y también que la teoría que tiene uno de un caso… eso no es prueba. Esto lo tengo como un mantra. Tienes que buscar la manera de establecer lo que tú crees. Ver si realmente se corresponde y que conste que no estoy criticando ninguna actuación, porque eso incluso lo veía yo desde antes.

—¿Como jueza?

Sí… yo empecé como fiscalizadora, después juez de paz. Me pasé siete años en la Fiscalía del Distrito como abogado ayudante y ahí tuve una magnífica experiencia con Julito Ibarra, Fefe Valera y Alfredo Balcácer, que era un persona extraordinaria que participó en el puente en el año 65. Y cuando le nombraron me dije: “Ahora sí es verdad … un guardia”. En su proceder ese hombre me demostró que tenía un profundo sentido de la Justicia.

—¿Qué es ser justo?

Dar a cada quien lo suyo y no tener prejuicios. Porque de un individuo se puede decir de todo. Pero él no se puede defender de tus prejuicios porque no los conoce. Y si tienes la meta de llegar a ser un juez medianamente aceptable, tienes la obligación moral de estar siempre en guardia frente a tus propios prejuicios.

—¿Se conoce usted lo suficiente para estar alerta ante sus prejuicios?

¡Ay sí! A medida que uno pasa mucho tiempo en el oficio, uno ve a una persona y te provoca un reflejo de huida. Si lo piensas bien, es probable que ese impulso se relacione con una experiencia tuya que no tienes derecho a transferir a ese individuo.

— ¿Le preocupa lo que se espera de estos macro procesos, la percepción creada?

Me preocupa mucho el ruido que se crea alrededor de cada proceso, las leyendas que se cuentan… ¡que muchas veces se quedan chiquitas para lo que de verdad hay detrás! Esto no es una cruzada.

Usé una vez una expresión, que un amigo tomó muy mal porque creía que yo estaba despreciando a la gente. Dije que no se puede administrar Justicia para las gradas. Uno no tiene que vivir pendiente del aplauso, pero mi amigo lo entendió por otro lado. Interpretó que yo despreciaba a la gente. Cualquier hecho tiene primera página pero supongamos que después se han hecho investigaciones, se ha celebrado un juicio y se descarga al imputado. Esa noticia ya no sale y si sale, se publica pequeña. El estigma para la familia es terrible.

—¿Qué opina sobre el debate actual acerca de la prisión preventiva?

Es que la prisión … esos casos son gravísimos. Pero para otras cuestiones la prisión preventiva no debiera ser la primera opción. Hay algo que puedo decir bueno de Estados Unidos y es que pueden pasar un año o dos con una investigación y cuando te llaman… eso ya no tiene para dónde ir. Tienen todo. Nosotros tenemos limitaciones para eso.

En cuanto a las personas que guardan prisión preventiva por largo tiempo, esto nos compromete a todos los actores del sistema, porque pongamos, si tiene mucho tiempo, debiese haberse extinguido; si tiene tiempo sin acusación, es plausible que el juez intime al Ministerio Público. Por muchas razones sería una buena medida en los casos que no son gravedad extrema, buscar soluciones alternas.

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