Ladrones de fincas laceran productores; en cuatro años, hubo casi 1,500 robos de animales

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SANTO DOMINGO.- A principios de agosto pasado, la Policía de La Vega, informó el apresamiento de ocho personas por el robo de 125 ovejos, además de una escopeta y otros objetos, en una finca de esa provincia.

También en marzo de este año, ganaderos del municipio de Nagua, en la provincia María Trinidad Sánchez, denunciaron el robo de unas 400 vacas en predios ganaderos de distintas comunidades.  Atribuyeron el robo a una banda de cuatreros que incide en la zona.

Los casos ocurren con frecuencia, aunque es difícil contar con estadísticas certeras sobre qué tanto ocurre el cuatrerismo o el robo de productos de la tierra en las plantaciones del país.

Solo en casos reportados como robo de animales, la Procuraduría General de la República logra hacer un cálculo de 1,456 casos en los últimos cuatro años, marcando una tendencia al alza en los últimos tres. 

En 2019, el total de denuncias de robo de animales fue de 499, pero bajó a 247 en 2020. La cifra subió a 317 en 2021 y a 393 en lo que va de 2022. El registro abarca 36 municipios del país, destacando Monte Plata, con 359 casos en cuatro años y Azua con 214 en igual tiempo.

Sin embargo, existen otros casos de robos en fincas que puede incluir robo de productos agrarios que no se desglosan en las estadísticas y que se engloba entre los miles de robos simples que registra la Procuraduría, según indica esa entidad.

Daniel Pou, director del Centro de Análisis de Datos (Cadseci) del Ministerio de Interior y Policía, explica la dificultad de tipificar ese tipo de delitos, por la imprecisión del reporte inicial que hacen los organismos policiales. Casi siempre se habla de vacas u ovejos y otros artículos que pueden ser muy variados y eso limita que se pueda desglosar y tipificar, dice.

Sin embargo, la frecuencia con que se dan los casos, llevan a más de un sector que cultiva la tierra y crían ganado a buscar alternativas y pedir ayuda para evitar que les sigan robando sus animales y sus frutos.

El propio Pou recuerda una reunión que sostuvo hace dos meses con campesinos de Barahona, quienes fundamentalmente le reclamaron la conformación de una policía especializada y rural que atienda los casos de robos en fincas.

El robo constante de su producción habría sido detonante en la tragedia ocurrida en septiembre pasado en La Romana, cuando un hombre mató a cuatro personas, incluidos, dos policías, y terminó muerto a manos de agentes policiales.  

El victimario y víctima, identificado como Román Guerrero, el Ebanista, había denunciado varios días antes del trágico suceso, que estaba siendo víctima de robo en un apiario que tenía. 

A mediados del año pasado, la Policía informó que logró recuperar, al menos ocho vacas que fueron robadas en El Seibo. 

El robo de ganado, en específico, ha motivado a que decenas de productores ovino-caprino, miembros del Consejo Nacional ovino-caprino (CONAOVICA), presentaran a principios de este año un anteproyecto de “Ley Abigeato “Cuatrerismo”, con el que pretenden que se erradique el robo y sacrificio de animales de forma ilegal.

Blanco Peralta, presidente de la Federación de Ganaderos del Noroeste, es uno de los que ha demandado esa iniciativa. Entiende que la legislación actual es muy débil para castigar a los responsables de esos delitos.

Explicó lo difícil de llevar un conteo de las unidades sustraídas entre los más de 5,000 miembros de la federación, pero sostiene que con frecuencia ocurren hechos, en los que a veces un productor pierde una o dos reses, o puede perder 15 o 25 en un solo día.

“Ahora mismo no han surgido robos y cuatrerismos recientes, pero en momentos inesperados surgen, eso es normal. En la frontera ahora mismo hay cierto control, pero siempre ocurren y perjudican a los productores y productoras”, dijo.

Explicó que los robos, que en ocasiones son para pasar los animales al vecino país, Haití, muchas veces es para comercializarlos internamente en territorio dominicano. 

“Anteriormente creíamos que era para llevarlos a Haití, pero la mayoría de veces, sacrifican el animal, lo descuartizan y lo comercializan internamente, lo llevan a los cascos urbanos disfrazados”.

Señala que, en la actualidad, buscan nuevas acciones para ver cómo se pueden endurecer las penas por esos robos. 

“El código es muy simple en la aplicación. Muchas veces los productores le roban cinco o seis cabezas, van a la medida de coerción y más rápido sale el infractor que los propios afectados”.

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