AL FILO DE LAS NOTICIAS
SANTO DOMINGO.- Más de 30 casos de feminicidios han enlutado a República Dominicana en lo que va de 2026.
Y no pasaron 15 día de mayo para que los casos de Providencia, Alfania, Esmeralda, Yessika, Nikaury y Diana mantuvieran vivo el dolor de la sociedad ante este flagelo.
Más allá de las estadísticas y los informes policiales, estas seis mujeres eran madres, estudiantes, emprendedoras y figuras centrales en sus familias.
Hoy, frente al vacío que dejó sus ausencias, sus comunidades y allegados exigen justicia y demandan respuestas para evitar que estos crímenes se repitan o queden en el olvido.
Esmeralda Moronta

Con 33 años, Esmeralda Moronta de los Santos era una mujer que construía su vida a base de azúcar, harina y dedicación.
Madre de dos niños menores de edad, era la mente y el corazón detrás de «Estilo Pastelero», un proyecto de repostería que comenzó en 2016 y que, tras años de esfuerzo, vio materializado en un local propio en diciembre de 2025. Su tía Carmen la recuerda como una joven cariñosa, convencida de que su sobrina «iba a ser una grande».
Esmeralda fue asesinada a tiros por su expareja dentro de un colmado en Alma Rosa I, justo después de salir de una unidad de atención a víctimas donde había interpuesto una denuncia por acoso. Su pérdida ha desatado profunda indignación en su familia, quienes cuestionan duramente la apatía de la sociedad.
Estefanía Moronta, su hermana, exigió directamente al Gobierno y al Ministerio Público que se garanticen escoltas para las mujeres que denuncian. Manifestó a la prensa: «Le falló la justicia, le falló el sistema».
Yessika Álvarez Jiménez

A sus 26 años, Yessika Álvarez Jiménez era descrita por sus allegados como «una niña llena de vida» y el centro de alegría en cualquier reunión. Sin embargo, su principal motor y prioridad absoluta era su hijo, un niño con síndrome de Down por el que trabajaba incansablemente. «Vivía para su niño», relató su prima María Jiménez.
Yessika tenía planes de separarse y ya había comenzado a organizar su vida para alejar a su hijo del entorno violento en el que se encontraba.
Su vida fue apagada de dos disparos por su pareja, un sargento de la Policía Nacional, en su residencia en Las Caobas. Su familia enfrenta su pérdida con profundo dolor. Denuncian que el crimen fue premeditado y que el agresor incluso intentó matar al hermano de la joven. Hoy, exigen que el uniforme militar del asesino no lo proteja ante la ley.
Diana Elena Evangelista

Diana Elena Evangelista, de 18 años, estudiaba Administración de Empresas. Su mayor anhelo era graduarse para convertirse en el soporte económico de sus padres. Sus amigos y familiares en Villa Duarte la recuerdan como una joven enfocada y de familia.
Diana murió a causa de múltiples heridas de arma blanca propinadas presuntamente por su novio, con quien llevaba años de relación y quien, según la madre de la víctima, Elfarina Ramírez, era un «muchacho de confianza».
«Nadie se imaginaba algo así», expresó una amiga de la familia. Su madre, sumida en la impotencia de no haber sido avisada a tiempo, clama por una investigación exhaustiva que arroje luz sobre los últimos momentos de su hija.
Providencia Marte

En la comunidad de La Higuera, provincia El Seibo, Providencia Marte era conocida como una mujer de profunda fe cristiana, de carácter tranquilo y sumamente entregada a su hogar. Su compromiso con su familia era tal, que sus últimos esfuerzos estuvieron dirigidos a intentar que su pareja buscara ayuda profesional para superar sus problemas de adicción a las drogas.
Fue precisamente esa insistencia la que presuntamente desató la ira del hombre, quien le quitó la vida rociándola con gasolina y prendiéndole fuego dentro de su vivienda.
Las severas quemaduras le causaron la muerte, dejando a los comunitarios sumidos en una gran tristeza. Los vecinos, que intentaron socorrerla sin éxito, la recuerdan por su bondad, mientras sus parientes exigen justicia.
Nikaury Alicia Heredia Taveras

Nikaury Alicia Heredia Taveras, de 27 años, libró una batalla por su vida durante varias semanas en una cama de hospital antes de fallecer.
Había recibido un disparo que le perforó varios órganos y se alojó en su columna, dejándola sin posibilidad de volver a caminar.
El incidente ocurrió durante un forcejeo cuando su expareja, un agente de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett), intentaba llevársela obligada.
Familiares aseguraron que la joven llevaba más de un año soportando acoso y hostigamiento porque quería terminar la relación.
Su muerte deja a un padre, Wellington Heredia, sumido en el temor a la impunidad. Heredia ha alzado la voz en los medios exigiendo que el caso, inicialmente tipificado como agresión, sea recalificado como homicidio, y pide garantías de transparencia ante el temor de que las influencias del agresor dentro de la Policía Nacional obstaculicen el proceso judicial.
Alfania Manuela Hernández

En la comunidad de Ojo de Agua, municipio de Salcedo, la repentina muerte de Alfania Manuela Hernández, de 29 años, dejó a toda una comunidad abrumada.
Alfania murió a causa de un disparo propinado por un hombre con el que presuntamente mantenía una relación sentimental, y quien posteriormente se suicidó en la escena tras una discusión.
Más allá del trágico suceso, el vacío más desgarrador que deja Alfania es el de su pequeña hija de apenas 6 años, quien ha quedado en la orfandad.
Las autoridades en la provincia Hermanas Mirabal, encabezadas por la fiscal titular, calificaron el escenario de profundamente lamentable, e hicieron un llamado urgente a la sociedad a reflexionar ante el daño irreparable que estas tragedias dejan en las familias.
Seis nombres, seis historias y decenas de familiares que hoy claman que el sistema ofrezca garantías reales para que estas vidas perdidas no se conviertan, simplemente, en noticia de ayer.
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