Piden análisis psicológico para Kenia, la principal sospechosa de calcinar a su hija

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AL FILO DE LAS NOTICIAS

SANTO DOMINGO.- Fue aplazada para mañana domingo, a las 9 de la mañana, la audiencia de solicitud de medida de coerción contra Kenia Lora, principal sospechosa de matar y calcinar el martes a su hija Stefanía García, en el sector Alma Rosa II, Santo Domingo Este.

El tribunal que lleva el caso tomó la decisión por dos razones: porque los abogados defensores no han estudiado el expediente, y porque ellos solicitaron que la acusada sea sometida a análisis mentales.

Este sábado Kenia fue presentada al tribunal, después de haber confesado en la Fiscalía que ella misma le roció amoníaco y quemó a su hija. En un video se le ve llevándose a la bebé recién nacida de Stefanía, a altas horas de la noche.

La madre de Kenia y abuela de Estefanía habría confesado, también, que aquella llevó a la nietecita a su casa, ubicada en Pantoja.

La noche de la tragedia, Kenia tuvo que recorrer un largo trecho desde Pantoja hasta Alma Rosa II, por lo cual se cree que no actuó sola. Además, esa misma noche salió cargando a su nietecita, mientras Stefanía moría calcinada en su habitación, tras recibir fuertes golpes.

El día de la muerte

Ese día Stefanía estaba como siempre: abatida, desesperada y deprimida por los tantos problemas personales que tenía con su marido, Claudio Martínez. En esos días no hacía más que pensar en la agonía que le martillaba la mente y el corazón.

Cladio había regresado de Estados Unidos para declarar a su hija, y en esos días se portó como todo un caballero con ella. Sin embargo, después del parto y de reconocer a la bebé, Claudio cambió de comportamiento y se alejó de la recién parida, dejando a esta en un estado de honda amargura.

Stefanía no paraba de llorar a lágrimas vivas, derramando sus penas y desahogándose con amigos y parientes. Ese mismo día como a las 11 de la mañana, por cierto, discutió con Claudio por los celos que la reconcomían. Entonces los dos se enfrascaron en acaloradas discusiones y ofensas verbales que derivaron en agresión física. Él hasta le mordió un dedo.

Lo que sucedía era que el hombre tuvo un hijo con una amante, y todavía seguía estando con ella. Eso erizaba a la atormentada Stefanía, por lo cual eran muy frecuentes los pleitos entre ellos. Es más, ambos producían episodios de violencia explosiva, y no pocas veces ella le iba arriba.

Pero nunca fueron a la Fiscalía y las reyertas se convirtieron en moneda corriente en el hogar. El alma de Stefanía pendulaba entre dos sentimientos dispares: el amor y la amargura. Realmente ella amaba a su hombre -después de todo, había sido su primer explorador íntimo y la había estrenado hacía ya 8 años- pero también lo recelaba con hondo resentimiento, lo sufría y lo lloraba por sus travesuras.

A pesar de su agonía y abismo, la joven Stefanía era una muchacha emprendedora y guardaba más de un ilusión. Por ejemplo, ella llegó a poner un pequeño salón donde arreglaba uñas y logró cierta clientela. Además, decía que tan pronto se recuperara quería vivir para ver a su hija crecer, hermosa y saludable. Nunca manifestó manías suicidas ni deseos de morir: el martirio no era su vocación.

Las sospechas apuntan a Kenia. Las relaciones entre Stefanía y su madre biológica eran una tempestad. Kenia la había entregado a los tres meses de nacida, y su cuñada Leonor -esposa de un hermano de ella- se hizo cargo de la pequeña. Esa pareja adoptó a la niña y la crió dándole todo lo que podían en el Ensanche Isabelita. Stefanía creció con el sentimiento filial hacia ellos: eran sus padres de crianza, pero sus padres más cercanos y generosos.

Sin embargo, en sus últimos días de embarazo, Kenia y su hija se reconciliaron. Kenia acompañó a su hija en todo momento, asistiéndola en la preclampsia que puso en riesgo el embarazo. La relación madre-hija mejoró bastante, y Kenia parecía alegre con su nietecita.

A Stefanía se le perdió el celular en el hospital donde parió, y un amigo tuvo que prestarle otro. A partir del sábado ella ya estaba comunicada, y hacía contactos con su gente para sacar sus entrañas y contarle sus penas. Pero algo extraño sucedió el mismo martes, después de la pelotera con Claudio. En efecto, tras el pleito, ella se comunicó con su gente y le informó de lo sucedido. Una persona muy cercana a ella le ofreció su casa para que fuera a pasársela allá y así despejara su mente aturdida. Pero Stefanía se negó y rechazó la invitación. Además, entre 7 y 8 de la noche le mandó un mensaje a esa misma persona, y esta persona le respondió como a las 10, pero nunca tuvo respuesta de Stefanía, a pesar de que esta siempre respondía los mensajes de su enllave, aun fuera de madrugada.

¿Qué sucedió realmente?-

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