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En Los Maestros claman a Edeeste mejorar el servicio eléctrico

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Solemny de la Cruz sufre de presión alta, no pudo dormir la calurosa madrugada del martes en el pico del verano a causa de la enésima falla del suministro eléctrico que alimenta su hogar y se teme que no es lo peor que le ocasionará un servicio que paga a tiempo, pero que identifica como su principal fuente de estrés.

No se trata de que la noche donde la demanda eléctrica tocó su pico histórico hubo que administrar el suministro en el circuito EBRI03 de Edeeste. No, en su sector hubo luz, pero no en la zona donde está su hogar.

De la Cruz reside en la calle Carmen Evangelista de la Urbanización Los Maestros, en Santo Domingo Este, y teme que esta vez la vuelta de la electricidad llegue cuando ya los productos que alberga su nevera para la semana se hayan dañado o no pueda instalar la bomba con la que adquiere el agua de las tuberías hacia su cisterna.

Eran las 3:40 de la tarde del lunes cuando el transformador que suministra su hogar «explotó», el fuego tiñó de negro la superficie y la electricidad dejó de llegar a cerca de medio centenar de viviendas que suple ese dispositivo de 50 kilowatts, por debajo de lo que requiere el área.

«El martes de la semana pasada se cayó una fase y fue el sábado que vino la brigada de Edeeste a resolver. Casi cinco días sin luz, ahora no sé cuándo volverá», dice De la Cruz. «Tenía una cita médica, pero no pude dormir».

Los vecinos del sector apuntan la causa del problema a un crecimiento de los usuarios que ha superado la potencia instalada, lo que genera una sobrecarga sobre las redes.

Petición infructuosa 

Aseguran a Diario Libre que han solicitado por escrito, a través de la junta de vecinos, a la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (Edeeste) un transformador de un vatiaje mayor, pero que la petición ha sido rechazada.

«El problema es recurrente, es difícil que pase un mes sin que se caiga una o las dos fases y con este calor se empeora. La empresa es eficiente para cobrar y cortar, no así para garantizar el suministro», lamenta Alexander Moya, estudiante del ITLA que toma clases virtuales y teme a que el inversor de su hogar no le alcance.

El temor igual se expande a pequeños negocios, como colmados y salones de belleza. Es una urbanización levantada por un patronato que comenzó a operar en la década de 1990, pero que vio acelerar su crecimiento el último decenio y que en su más reciente censo supera las 800 viviendas.

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